A Roberto Cabrera, mi compañero LIJero

El silencio llega de golpe. Como por un embudo, la realidad se licúa y comienza a irse. Los ojos se derraman hacia fuera y, por unos instantes, las manos se separan del cuerpo. Las piernas se mueven por inercia porque el lado izquierdo del cerebro aún tiene fuerzas para seguir. Pero el derecho pide a … Sigue leyendo A Roberto Cabrera, mi compañero LIJero