Lectura en voz alta: una conexión única e inolvidable con la literatura

Tenía escrita esta entrada hace ya varios días, en borrador. Y hoy, en el Día Mundial del Alzheimer, es el momento ideal para publicarla.

Disponerse para leer conlleva una serie de mini ajustes –corporales, cognitivos y emocionales-. Es algo que hacemos de manera muy inconsciente, de forma casi imperceptible, y que comienza en el momento en que decidimos iniciar o continuar una lectura. En mi caso, al menos, el acto de leer implica la decisión de pasar a otro estado, a otro plano de mi existencia, donde me entrego al lenguaje, al paisaje narrado, a la voz de los personajes; y, de alguna manera, me disocio de mí misma. Esta realidad tangible, física, que me rodea, se difumina y da paso a la realidad ficticia –pero muy real- del libro.

En el acto de leer en voz alta, la preparación a este momento de lectura es plenamente consciente. Verbalizamos esta preparación e instamos a la comodidad, a la atención, al enfoque en la voz que lee. Y el lector asume también su rol, entrando en “modo lectura en voz alta”, dándole a su voz una cualidad especial, haciéndose consciente del volumen, de los silencios, de la temperatura de su voz.

La literatura tiene esa cosa tan propia de ella que es su lenguaje, su ritmo. Podemos escuchar a alguien leyendo en sueco o en islandés (se me ocurre que son de los idiomas más complicados e incomprensibles desde mi cerebro en lengua española) y saber que está leyendo literatura, por ese ritmo, por esa textura tan única de lo literario.

Y ese reconocimiento de la voz literaria es el mismo que experimentan las guaguas (para quienes, en un principio, estamos emitiendo sonidos incomprensibles). Leerles a los niños muy pequeños va construyendo y consolidando una biblioteca de narraciones, estanterías de palabras que serán la base de su educación literaria y a la que acudirán cada vez que se encuentren con la voz narradora.

Esta biblioteca de narraciones, el recuerdo de esa temperatura de la voz, se abre paso también en la última parte de la vida, en los ancianos que ya ‘olvidaron’ su lengua por alguna de esas enfermedades que despojan del lenguaje. Mi abuela, con la que viví mis primeros 23 años de vida, ya olvidó su lengua y su mirada se pierde en un espacio que yo ya no puedo ver. Pero al llamado de una historia, abre sus ojos y sé que, en algún recodo, me ve con un libro en la mano. Comienzo a leer y me mira concentrada, con el mismo brillo de los ojos infantiles, a la espera de una historia; y al sonido de la palabra “Mozart” levanta sus cejas, en un intento profundo por recordar que siempre escuchaba a Mozart. Y yo sigo leyendo una historia que habla de música, de un violín, mientras mi abuela me sigue mirando, reconociendo en mi voz ese tono de los libros que tanto le gustaban. Y ahora empieza a acariciar mi cara, tal vez para decirme que no pare, que siga leyendo, que mi voz logró encender una pequeña luz en su cerebro, una luz que logro ver a través de sus ojos y a través de su rostro, porque aún no ha olvidado sonreír.

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3 comentarios en “Lectura en voz alta: una conexión única e inolvidable con la literatura

  1. María Luisa de Francesco dijo:

    Muy bueno el artículo sobre todo porque recuerda la importancia de la palabra. No sólo en los niños sino, básicamente en la edad en que todos nos abrigamos de y con ella, la tercera etapa de la vida. Excelente, felicitaciones.

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