Lo que le debemos a Sendak

Hablar de Donde viven los monstruos es hablar de uno de los libros más importantes de la colección bibliográfica infantil, si no el más importante.

Maurice Sendak revolucionó la literatura para niños en una década marcada por las revoluciones y en un momento en el que se había vuelto, sin causar estupor, a la idea cándida de niño. Pero Max no es un niño como el que muestran los otros libros. Max discute con su mamá y asume, sin muchas culpas, que esta noche se irá a la cama sin comer. De hecho, la expresión de su cara nos invita a pensar que consiguió lo que quería y nadie lo molestará mientras convierte las paredes de su habitación en “el mundo entero” y mientras invade, con su bosque, los márgenes del libro.

Secuencia Max 2

 El libro, el objeto que tenemos en muestras manos, se transforma en protagonista de su propia historia, convirtiéndose –y convirtiéndonos- en cómplice de un Max que rompe las reglas y que absorbe los límites para crear los suyos propios.

Ese niño es el que irrumpe –y que es censurado- en el año 1963 en Estados Unidos para, en 1964, ganar la Medalla Caldecott, y que se va a convertir en el ícono de “la nueva infancia”, esa que no es frágil, que piensa, que imagina y que se rebela.

Sin embargo, la maestría y genialidad de Sendak está en dar la vuelta completa en un libro de 38 páginas y con muy pocas palabras. Porque este niño que se enoja con su madre, que se rebela y que se va de su casa, descubre que la idea de vivir solo, en un lugar donde él es el rey, no es tan perfecta como imaginó. En su vida con los monstruos, descubre que quiere estar en un lugar donde lo quieran y donde haya un plato de comida caliente para él. Pero lo lindo de este libro –lo terrible para algunos- es que Max no se arrepiente de nada.

Sendak nos invita a descubrir que no nos quiere enseñar nada con este libro; que solo se trata de un niño que ¿sueña?, que escapa disfrazado de ¿monstruo?, pero que al final vuelve a su espacio.

Sin embargo, Donde viven los monstruos es la infancia y la no infancia; es el miedo a estar solo y darse cuenta de ese miedo; es romper los límites de otros para dibujar los propios.

Donde viven los monstruos es el círculo de la vida que vivimos todos los días, entrando y saliendo de los días, las semanas y los años.

*Si estás leyendo esta entrada y no conoces a Maurice Sendak, corre a una librería, a una biblioteca, a la estantería de un amigo, y léelo, léelo y léelo.
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Un comentario en “Lo que le debemos a Sendak

  1. Paula R.D dijo:

    ¡Me encanta este libro! El diseño de los monstruos es extraordinariamente adorable, lo que tal vez podría representar nuestra cercanía infantil con lo desconocido y repudiado por el mundo adulto estándar.

    Por cierto que el mundo de fantasía al que accede Max es mucho más pleno que las cuatro paredes peladas de su pieza. De hecho, hasta el mismo encuadre de la obra realza esa sensación.

    De vez en cuando es necesario huir de ellas también y darse una vuelta con nuestros monstruos favoritos, ¿verdad?

    ¡Saludos!

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