Muchas preguntas y pocas respuestas

Vamos a detenernos unos momentos. Es tiempo de pensar en lo dicho y en lo no dicho; porque se suceden las palabras, las ideas, los conceptos que circundan la literatura infantil y juvenil.

Lo malo (pero lindo a la vez) de abocarse a pensar en un tema apasionante, en pleno desarrollo, es que, más que respuestas, cada día surgen nuevas preguntas y el día que se acaben, habrá que dedicarse a otra cosa.

Pero por ahora, estoy (estamos) pensando, leyendo, hablando de LIJ, y quiero dedicar esta entrada a tantas preguntas que aún no tienen respuestas; o que tienen tantas, que al final no tienen ninguna.

La eterna y constante: ¿qué entendemos por calidad literaria y estética? ¿debemos tratar de remitirnos a un todo que aúne estos dos conceptos? ¿depende del libro, del lector?

¿Y cuál es la mala literatura? ¿Qué la hace mala? ¿Es una percepción muy subjetiva del lector, cruzado por sus experiencias previas y sus gustos personales? ¿O hay algo intrínseco en la mala literatura posible de ser percibido y consensuado por todos? ¿Es malo leer mala literatura, aún cuando sea entretenida?

 ¿Los libros para niños deberán, inevitablemente, cumplir una función? Esta función, ¿la buscamos los adultos en el afán irremediablemente formativo que tenemos hacia los niños? ¿Son los autores conscientes de las ideologías que plasman en sus obras? Y, ¿son conscientes cuando solo pretenden transmitir una ideología específica? ¿Es en ese momento cuando transan la calidad literaria y estética por transmitir valores específicos?

Este blog no pretende responder de manera única e inequívoca a ninguna de estas preguntas; solo plantear posibles acercamientos desde distintos puntos de vista pero, por sobre todo, ser un espacio de reflexión constante. Por eso, espero que se animen a comentar, a responder, a hacer más preguntas. Así vamos construyendo juntos un libro de múltiples respuestas.

La literatura para niños y jóvenes merece que la pensemos seriamente.

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Un comentario en “Muchas preguntas y pocas respuestas

  1. Romina dijo:

    Yo entro al juego, porque el viernes anoté en mi cuaderno “lluvia de preguntas” y después, como el papá de Mafalda, me abrumé y me puse a leer una novela…

    Copio las mías, que tienen que ver con el humor: “en la Literatura infantil ¿se da el humor negro? ¿bajo qué modalidades? ¿con qué restricciones?; ¿se trata de textos para adultos mal catalogados como infantiles? ¿obras en las que el componente de humor negro se dirige a los adultos y “el resto de la obra” a los niños?; y, si se da, ¿descansa en lo verbal o en lo pictórico?

    Nuestro afán proteccionista con la infancia, ¿hace que tendamos a presentar mundos ordenados? ¿con una diferenciación clara entre el bien y el mal? Yo creo que alguien antiguo, pero abierto, como Bettelheim, tendería a defender la sátira, pero no la entropía total (porque, finalmente, quiere que los niños resuelvan sus conflictos; orientarlos, no perderlos más) [P.S.: Creo Sáez Castán es muy entrópico; pero me da miedo estudiarlo, porque me excede]”

    Fin de las preguntas del viernes… Un abrazo, Carola!

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