Ideologías, valores sociales y LIJ

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Our priority in the world of children’s books
should not be to promote ideology but to understand it
and find the ways of helping others to understand it,
including the children themselves.

Peter Hollindale: Ideology and children’s books. En Signal. 55, 3-22.

Hablar de las funciones de la literatura infantil no deja de ser raro cuando a la literatura a secas no le buscamos funciones. Leemos literatura por el placer de leerla, sin buscar mensajes ni trasfondos educativos. Nuestra soberbia adultez nos conmina a sospechar y, en muchos casos, a abandonar de inmediato cualquier libro en el que asome una oración que prescriba una conducta, que nos dé algún lineamiento o que describa un actuar esperable. Porque no es eso lo que buscamos cuando abrimos un libro.

Mis libros inolvidables son, ante todo, historias que me sacan de este mundo -no porque este sea insuficiente-, me sumergen en la piel de otro -no porque la mía sea incómoda- y me muestran otras formas -no porque las mías sean incorrectas-. Mis libros inolvidables son intersticios (los de Cortázar, absolutamente impredecibles) que siempre están ahí; son espejos (los de Borges) que no reflejan esta realidad solamente; son cubos de hielo (los de García Márquez), completamente desconocidos; son ese pedacito de cielo (el de Gabriela Mistral) al que hay que aferrarse siempre; y son halcones (los de Bodoc) que descubren hasta lo que sucede bajo una hoja, desde la montaña más alta.

¿Por qué, entonces, muchos mediadores, padres, profesores, adultos en general, buscan que la literatura para niños sea un instrumento formativo y no ‘solo’ historias?

Si bien hay distintas vías por las que podemos transitar en este tema, esta vez me decantaré por la flecha que indica “ideología”. Como siempre, no pretendo ser exhaustiva ya que, sobre todo este tema, da para mucho.

Debido a que las obras literarias son escritas por seres humanos, inmersos en una sociedad determinada, con determinados valores y visiones, es imposible que la obra creada esté exenta de valoraciones. Es cómo estas valoraciones actúan en los lectores lo que va cambiando.

Así, lo más probable es que cuando estemos frente a obras que coinciden con nuestras propias valoraciones, seamos absolutamente inconscientes acerca de ellas. Sin embargo, cuando hay una creencia, una visión de mundo, una valoración social contrapuesta o solo distinta a la nuestra, se activan todos nuestros sistemas de alerta y comenzamos a leer mucho más detenidamente la obra en cuestión, analizando cada párrafo y cada ilustración. Además, automáticamente nos preguntamos si esa historia se la mostraríamos a un niño, cuando no estamos llamados a esa decisión.

Actualmente, las valoraciones sociales e ideologías se presentan en los libros más implícita que explícitamente. Hemos llegado a un punto, como sociedad, en que estamos más o menos de acuerdo en ciertos temas. Así, el racismo, el machismo, la homofobia, la discriminación, son temas socialmente rechazados y que, por lo mismo, no serán objeto de apología en un libro infantil. Al menos, no explícitamente.
Por otro lado, y debido a que son temas valóricos que están asentándose desde datas muy recientes, sí encontraremos apologías explícitas contra las conductas homófobas y xenófobas, por dar sólo dos ejemplos. Incluso, en algunos casos la historia pasa a ser una mera excusa -con la consecuente pérdida de calidad literaria- para mostrar, ensalzar y defender creencias y valores específicos.

Sin embargo, aún hay conductas demasiado arraigadas en nuestras sociedades que dan origen a libros que dan por hecho situaciones que mantienen diferencias abismantes ente hombres y mujeres, por ejemplo. Así, no nos parece raro encontrar en un libro infantil que la mamá del cuento realiza todas las labores del hogar -además de su trabajo fuera de casa, por supuesto, porque también hay que celebrar la independencia que han adquirido las mujeres. En este mismo sentido, un libro que presenta a una familia, podrá no tener un personaje padre, y tampoco nos parece raro; pero si hubiera un padre y dos hijos, de inmediato nos preguntaríamos dónde está la madre. En este último caso, podría asegurar, sin temor a equivocarme, que la historia trataría acerca de cómo un padre se las arregla para criar solo a sus hijos.

Para los niños, la literatura forma parte importante de su conocimiento del mundo, por lo que debemos ser conscientes de que ningún libro es inocuo y que lo que a nosotros (como adultos) nos parece completamente normal, porque está absolutamente incorporado en nuestro ADN social, para un niño no lo es. Él lo está aprendiendo, lo está conociendo recién, gracias a los libros y sus mediadores. No se trata de censurar, obviamente; solo de ser conscientes y capaces de ofrecer distintas visiones, distintas formas y colores. Solo así la literatura será arte, es decir, libertad.

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2 comentarios en “Ideologías, valores sociales y LIJ

  1. Benito dijo:

    Mucho debate hay en torno a este tema. En general siempre se plantea como dos opciones dicotómicas: libros que son “arte”, o libros que son “didácticos”, pero me da la impresión de que hay muchos libros buenos en donde se dan ambas cosas en forma natural y sin conflictos. Creo que la “Saga de los Confines” es un buen ejemplo. En otras artes la función didáctica ha sido parte clave del desarrollo de las mismas: las catedrales buscaban educar e inspirar al creyente, las misas de Bach o las de Mozart cumplían una clara función ideológica que, en el caso de Bach, era su principal motivación para componer. No creo que el uso de historias como una excusa “para mostrar, ensalzar y defender creencias y valores específicos” conduzca necesariamente a mala literatura, con o sin apellidos. La calidad literaria -o de cualquier forma de arte- no pasa por las intenciones, explícitas o implícitas, de transmitir tal o cual mensaje. Al leer la “Saga de los Confines” sentía todo el tiempo que la autora buscaba educarme y transmitir un claro mensaje ideológico, situación que no generó ningún tipo de rechazo en mí como lector. Al contrario, al ser una obra tan bien narrada, me dejé “educar” con todo el placer del mundo. Por otro lado, el mismo principio puede llevar a que uno disfrute con un libro de alta calidad literaria que contenga valores con los que uno no está de acuerdo.
    Un abrazo Carola, felicidades por el blog.

    • Carola Ojeda dijo:

      Mi querido Benito: como siempre, planteas puntos muy interesantes que abren la reflexión en distintas direcciones.
      Tienes toda la razón en cuanto a la contraposición con que la mayor parte de las veces se presentan los libros para niños: si son buenos es que no tienen nada de didáctico; si presentan algún tipo de enseñanza, es que son malos. Y, efectivamente, no debe ser así. Hay muchos libros que conjugan la calidad con la “entrega de un mensaje” y lo hacen de modo espectacular. La misma Saga de los Confines, sin ir más lejos.
      Ahora, el tema pasa, a mi entender, por la forma y por el lector. Por la forma, porque creo que puede haber una intención didáctica en muchos libros de buena calidad pero esta intención se pone al servicio de la forma, no al revés. No se sacrifica la riqueza del lenguaje, las imágenes, la construcción del mundo literario por lo que se quiere transmitir. Creo para ese tipo de literatura tiene que existir un gran talento en el autor.
      Y por el lector porque las experiencias previas –de vida y de lectura- determinan en gran medida la forma de recepción de la obra literaria.

      Sin duda, un tema que da para seguir pensando y sobre el que no hay respuestas taxativas.
      Un beso, Benito.

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