Feliz Navidad

Colores de Navidad

Estamos casi en Navidad. Una fecha que despierta diferentes apetitos: reflexivos, consumistas, familiares, alimenticios, infantiles.

De un tiempo a esta parte, me propuse que la gran mayoría de los regalos que haría serían libros. Como la excusa principal para no leer es que los libros son caros, creo que regalar libros aliviana un poco la carga económica que significa comprarlos –sobre todo para aquellas personas para quienes los libros no son fundamentales en la vida.

Escribo esa última línea y, a pesar de haberlo visto, de haberlo escuchado y de haberlo leído, me cuesta entender a las personas a quienes no se les hace necesario leer, diariamente. En realidad, más que costarme entenderlas, derechamente no las entiendo.

No entiendo cómo hay veladores sin libros.

No entiendo cómo la lectura no es la primera en la lista de entretenimientos.

No entiendo cómo hay personas a quienes jamás un libro los ha hecho llorar ni cómo esa sensación deliciosa de terminar un libro –que se mueve entre la angustia y la felicidad- no se busca constantemente.

Tampoco entiendo que no exista esa sensación única, tan abismante de empezar un libro. Ese momento que solo se vive una vez, de estar leyendo una primera página y saber, muy en el fondo, si nos gustará, si ya nos atrapó, si hay que darle otra oportunidad (aunque sepamos que, la mayoría de las veces, las segundas oportunidades son vanas), pero seguir leyendo, hasta terminar el capítulo.

No entiendo a esas personas que jamás han pasado por esa situación tremenda de, literalmente, NO PODER cerrar un libro, y mirar la hora y saber que mañana hay que madrugar, pero convencernos de que queda tan poco para terminar esta parte; y terminar esa parte y seguir sin poder cerrarlo.

No entiendo tampoco cómo hay personas que no sufren la frustración más grande al entrar a una librería y saber –saber- que no pueden comprar todos los libros; y menos aún entiendo que haya casas donde no hay libros y donde lo que nació como estantería sea usado como soporte de adornos.

Aunque, según tantas encuestas, somos menos los que leemos que los que no leen, elijo quedarme en esta minoría.

Elijo frustrarme, incluso frente a mis propios estantes con libros, porque el tiempo todavía no me alcanza para leerlos todos.

Elijo la angustia de acabar un libro y la maravilla de empezarlo.

Elijo irme a dormir todos los días, impajaritablemente, con páginas en la cabeza.

Elijo regalar libros a quienes quiero porque quiero que se unan a la minoría para llegar a ser, alguna vez, mayoría.

Muy feliz navidad a toda la minoría que leerá este post.

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3 comentarios en “Feliz Navidad

  1. Alma Muñoz Abarca dijo:

    Excelente!!
    También soy parte de la minoría y cuando voy a una feria del libro o a una librería hay tantos libros que una vida no alcanza para leerlos todos.
    Me emociona cuando a un niño (a) pequeño (a) le entusiasman los libros, ojalá cerca de él o ella siempre esté un adulto que le lea y cuando aprenda a leer lo siga haciendo.

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