La lectura, los libros, los derechos de los niños y los derechos de todos.

Libro bebé

Hoy, cuando se celebran 54 años desde la Declaración de los Derechos del Niño y cuando, no casualmente, se inaugura el Filbita 2013 de Buenos Aires, me parece un buen día para detenernos a pensar –realmente- en aquello que reclamamos como derecho.

Se une a este día el hecho de que Chile haya celebrado, el domingo recién pasado, elecciones presidenciales, con 9 candidatos postulantes a la presidencia que, como discurso preponderante, nombraron y aclamaron la palabra DERECHO en cada una de sus intervenciones.

Sin embargo, ¿cuántas veces nos detenemos a ser conscientes acerca de nuestros derechos y los de los niños? ¿Cuántos derechos reclamamos, peleamos, reivindicamos y, al momento de lograrlos, los desechamos? Baste pensar en el derecho a voto.

Pero como este espacio es para la LIJ, me remito a lo que nos concierne: los niños y los libros.

Entre los derechos de los niños están: el derecho al amor de los padres y de la sociedad; y el derecho a ser criado con un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad entre los pueblos y hermandad universal. No puedo pensar en una mejor manera de asumir, cumplir y respetar esos derechos que mediante la lectura. La lectura para sí mismo, la lectura con otros, la lectura para otros, son instancias de encuentro, de respeto, de valoración; principalmente porque los buenos libros nos estimulan, nos ponen en conflicto con lo ya dado y nos obligan a cuestionar y a reflexionar; nos impulsan a conversar, nos llaman a compartirlos.

Cuando leemos un buen libro en voz alta para uno, dos, diez o veinte niños, establecemos una conexión que va más allá de cualquier forma de cariño. Cuando leemos en voz alta, nuestra voz se amplifica para llegar a los espacios más recónditos y genera una red invisible y protectora (en el sentido de “red segura”) para ese niño que nos escucha.

Cuando un niño lee un buen libro y lo disfruta, en su cabeza comienzan a tejerse tal cantidad de pensamientos y sensaciones que casi podemos verlos; sus ojos quieren tragarse las letras, las ilustraciones, las páginas.

Cuando compartimos, cuando leemos, cuando hablamos, cuando pensamos literatura, vivimos los derechos de los niños. La literatura –la buena literatura- es la forma más transparente de vivir la comprensión con el otro; de entender que la tolerancia no es solo permitir que otros vivan su vida como quieren, sino que es entender que los otros tienen todo el derecho a vivir su vida como quieren, afuera, no encerrados entre cuatro paredes.

La buena literatura transparenta el amor y el respeto hacia culturas diferentes a la propia, porque las crea, las hace palpables, a través del lenguaje y de la palabra.

El Filbita 2013 lema*: El derecho a la literatura. Somos nosotros los llamados a vivir, respetar, transmitir, defender ese derecho. Por los niños a los que les cuentan cuentos y por los que disfrutan leyendo solos; por los grandes que leemos, para otros y para nosotros mismos; por los libros ideales para ser leídos en voz alta y  por los que reclaman el silencio.

Por la literatura. La que se deja leer por todos.

*Conjugo, aunque no exista, el verbo lemar. Me parece que suena bien.
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