¿TEMAS DIFÍCILES O LIBROS INADECUADOS? I

“Realmente una parte de los libros para niños que se producen, y aquellos que los niños quieren leer, son libros poco complacientes, son libros que hablan de temas difíciles y ubican al lector en medio de situaciones controversiales.”

Fanuel Hanán Díaz*.

Por un lado, está el hecho del cuestionamiento acerca de si un libro es adecuado o no –por su temática- para “trabajarlo” con niños de cierta edad. Por otro lado, está la interrogante eterna de qué libros son adecuados para trabajar los temas difíciles. Son las dos caras de una misma moneda cuya problemática radica, en el fondo, en el adulto. Es el adulto el que se viste, muchas veces, con una armadura de hierro que logra aplastar la labor mediadora hasta casi hacerla desaparecer y asume un papel de guardián de los límites conductuales y valóricos, “adecuados” para un niño.

No es mi intención negar la existencia de límites, claro está. Porque también está el criterio y tengo absoluta conciencia de que los niños son niños y no podemos imponerles imágenes o temas por los que ellos aún no se preocupan ni les interesan mínimamente. Pero sí es labor del mediador estar atento al momento en que al niño le surja una pregunta; es su labor dilucidar cuál libro será el más adecuado para intentar dar respuesta a esa pregunta; es su labor ir hasta donde sea necesario: ni tan lejos que el niño se pierda en incomprensiones, ni tan cerca que la respuesta no llegue y el chico pierda la confianza en el libro y en el mediador.

Antiguamente, el triángulo que generaban el niño, el libro y el adulto era más bien de transmisión. El libro llegaba al niño a través de este adulto que se lo leía… solo se lo leía. Nada más que eso, tal vez porque  había muchos menos libros y, los que había, mantenían una estructura muy similar entre sí, sin causar conflictos de ninguna índole. Se leían, principalmente, los cuentos clásicos, pasados por un cedazo que los dejaba limpios de cualquier imagen cruel, de cualquier final que no fuera el más feliz, de cualquier personaje malo que no tuviera su merecido castigo.

Sin embargo, es con los libros actuales, cargados de “realidad”, que surge la figura del mediador. Este adulto que ya no es solo el vehículo que lleva el libro al niño, sino que también adquiere dotes de árbitro que, muchas veces, malentiende su labor –transformándose en un adoctrinador que dibuja la línea por la que hay que ir, sin salirse de los límites- y sesga, limita y coarta tanto al libro como al niño.

Defiendo al buen mediador que efectivamente media –con límites amplios y flexibles, por un camino que puede salirse hacia los lados- porque, lamentablemente, no todos los libros tratan los temas de buena forma. Los malos libros se crean con el firme propósito de introducir un tema específico, por lo que están vacíos de literariedad y la historia es solo un pretexto para generar una mirada concreta acerca de algo.  Cuando, irremediablemente, un libro de estos llega a los niños, el mediador debe ser capaz de evidenciar esta carencia literaria y manejar la instancia de lectura de tal manera que los pequeños sepan que la mirada que impone ese texto no es la única.

Los buenos libros son, ante todo, literarios y hablan de la muerte, por ejemplo, de una manera tan literaria que llega naturalmente al lector. Escribo y pienso, específicamente, en El pato y la muerte (Wolf Erlbruch, BFE, 2012). El libro más indicado –de los que conozco- si queremos conversar acerca de ese proceso que todos vamos a vivir. ¿Por qué? Porque no es una historia condescendiente, porque no trata al niño como si fuera de vidrio y ante cualquier impacto se fuera a quebrar. Lo trata como una persona perfectamente capaz de vivir la historia, de entenderla y de sentirla.

Y el mediador, ¿cuándo entra en escena? Al final, después de la lectura. Por si el niño quiere hablar del libro –de la misma forma en que podría querer hablar de cualquier otro libro. El concepto es no imponer puntos de vista, no imponer temas que van a ser mirados desde abajo, como si el niño no entendiera nada de la vida. Ellos saben, observan, escuchan, entienden. Solo por hacerlo de una manera distinta a la nuestra –tan adulta-, no significa que esté equivocada.

*En Libros perturbadores para niños

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4 comentarios en “¿TEMAS DIFÍCILES O LIBROS INADECUADOS? I

  1. Marisela dijo:

    Creo que el adulto proyecta muchas veces sus miedos y negaciones al mediar, claro somos humanos!! En ese caso podríamos ser sinceros con el niño, creo que sabiendolo decir ellos también entenderán no sólo el mensaje del libro , sino también otro punto de vista que sería el nuestro.

  2. Anama dijo:

    En Argentina, varios autores han tratado el tema de la muerte con criterio literario y eficacia poética. Entre ellos, recomiendo Como si el ruido pudiera molestar, de Gustavo Roldán.

  3. Felipe Jeria dijo:

    Interesante entrada Carola.
    Indiscutiblemente el rol del mediador será siempre ser, tal cual la palabra lo indica, un MEDIO entre el libro y el lector. Este MEDIO no sólo debe orientar sino que también cautelar al momento de decidir basado en criterios o indicadores que sean significativos para el lector y no para el mediador.

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