¿Da lo mismo lo que lean, mientras lean?

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Una pregunta constante que nos asalta cuando pensamos en LIJ y en mediación de lectura, tiene que ver con la calidad de la literatura que leen -fuera de las obligaciones escolares- los niños y jóvenes. Así, muchos mediadores hablan y mal hablan de Crepúsculo, de Los juegos del hambre, de Harry Potter, de Delirium. Podemos estar de acuerdo o no en las distintas calidades literarias presentes en estos y otros títulos, pero el verdadero quid del asunto es si da lo mismo lo que lean, mientras lean.

Para comenzar a delinear la reflexión que me atormenta cada cierto tiempo, tomo prestadas las palabras de la gran Liliana Bodoc, pronunciadas en el marco del Seminario “Cómo Leemos el Mundo”, organizado por el PNFL Lee Chile Lee  realizado en Santiago, en agosto de 2013.

Liliana señala: “Nos pasa mucho eso en literatura infantil y juvenil. Nos empezamos a ocupar del qué se cuenta y nos olvidamos del cómo se cuenta; y resulta que el cómo se cuenta es la clave de la literatura, y si no les proporcionamos un cómo a nuestros niños, no les estamos proporcionando, en verdad, literatura.”

Es en la identificación de este cómo se cuenta –o tal vez por pasarlo por alto- donde cometemos el error de llevar al cadalso las diferentes obras literarias. Creemos que los lectores jóvenes no son capaces de identificar si la historia está bien contada o no y pensamos en que ellos solo buscan la acción, las aventuras, el romance tormentoso. Y claro, es posible que muchas veces sea así; pero tantas otras, ellos ya nos llevan amplia ventaja en las lecturas y, como no me canso de repetir, a leer se aprende leyendo.

Ana Díaz-Plaja me dio un ejemplo clarísimo hace un par de meses: “Escuché a una niña lectora decir: ‘Yo leí Crepúsculo y encontré que era el mejor libro que había leído en mi vida. Y claro, sólo había leído uno. A medida que fui leyendo otras cosas le fui viendo las fallas.’ Afortunadamente, nadie le dijo a ella que no leyera ese libro.”

Creo que la clave está en confiar –por muy descabellado que suene- en que si una persona decide por sí misma leer un libro, ya tenemos gran parte del camino avanzado; significa que ya ha encontrado un pequeño placer en el acto de leer y, por lo tanto, seguirá leyendo. Nadie nos impide recomendar lecturas pero cuidemos que esta recomendación no traiga adosado un tono de autoridad ni de enjuiciamiento hacia la selección hecha por niño o el joven. Recomendemos, de lector a lector.

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3 comentarios en “¿Da lo mismo lo que lean, mientras lean?

  1. Paula R.D (@A_Laquesis) dijo:

    Me agradó la reflexión. Me recordó también la tensión que sienten algunos mediadores ante el aparente desinterés que tienen algunos niños y jóvenes frente a los clásicos, por ejemplo. Personalmente no creo que esta distancia sea algo por lo que urgirse, ni un índice de que es el momento de arrojarle al niño o joven en cuestión un lote de clásicos grandes y polvorientos encima mientras él está leyendo alguna sana de moda..
    En mi caso, de joven disfruté mucho con algunas obras de este tipo, en contraste con la fomedad absoluta de algunos clásicos, pero el tiempo y, justamente, nuevas lecturas, me permitieron volver a estas obras canónicas y comenzar a valorarlas. Por supuesto, volví también sobre estas sagas que estaban por entonces “de moda” y gracias a ellas pude ir en busca de las historias que de verdad me importaban: las de Fantasía. Pero, en suma, mi experiencia personal me hace pensar que es un asunto de tiempo y de lecturas, y sobre todo de libertad, tal y como mencionas en tus conclusiones.
    Voy a meter el sitio a mi lector de RSS para ver próximas entradas, como lo hice también con el de Úrsula Starke 🙂 La gente es súper pajera para comentar, en verdad.

  2. Carola Ojeda dijo:

    Paula: muchas gracias por tu comentario. Efectivamente, hay una fijación tremenda –más de parte de los profesores que de los mediadores, creo- en que los niños lean los “Clásicos”. Claro, por algo son clásicos, pero me parece que no hay que desesperarse porque los niños lleguen a los 15 años sin leer un “verdadero” clásico. Es un tema muy interesante que abordaré en una próxima entrada.
    Saludos y nos seguimos leyendo!

  3. Marcia dijo:

    ¡Oh! La anécdota de esa niña con “Crepúsculo” me recuerda una propia de hace muuuuuuchos años. Si no fuera porque ya estoy vieja para sonrojarme, lo haría ahora mientras escribo: en la casa de mi abuela había muchas revistas tipo “Vanidades” (¿existe aún?) que traían una historia “de amor”, en las páginas finales, que yo devoraba cada vez que podía. Qué sentimientos y sensaciones. Tenía 11 o 12 años y para mí eran historias espectaculares…. las escribía Corín Tellado… sí, plop. Y seguí pensando así hasta que leí “María”, de Jorge Isaac, “Doña Bárbara”, de Rómulo Gallegos, y otras… ¿Cómo pude pensar que aquéllo contado en un par de páginas de una revista quincenal describía, de verdad, lo que era amor, lo que era pasión? En todo caso, también como Díaz-Plaja opina, me alegro de haber pasado por Corín Tellado. Quizás la impresión a fuego que dejaron esos otros libros en mí no hubiera sido tan profunda si no la hubiera leído primero a ella.
    Si “da lo mismo lo que lean, mientras lean” es una pregunta abierta. Hasta hace unos meses, defendía, a brazo partido, que no, no y no. Ahora, no sé si estoy mejor o peor, pero pienso que “da lo mismo lo que lea, mientras lea y pueda contarme qué está leyendo”… así me da la oportunidad de comentar, saber qué le está gustando, mostrarle opciones o, simplemente, aceptar sus preferencias porque son suyas.

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