La Literatura Juvenil

librosComo hemos visto en múltiples artículos dedicados a pensar y a mirar la literatura juvenil actual, como toda literatura, esta no está exenta de ejemplos nefastos en cuanto a calidad literaria.

Para precisar este punto, es necesario preguntarse, primero, acerca de lo que consideramos como buena calidad literaria y, si bien hay consensos entre los teóricos literarios en cuanto a que una obra de buena calidad literaria es aquella que nos instala en otro plano frente al mundo; que nos desafía tanto intelectual como emocionalmente; que nos interroga y permite que nos cuestionemos frente a lo que leemos y a lo que vemos diariamente; que nos permite conocernos, desconocernos y reconocernos; que nos posiciona en un mundo otro y desde ese otro lado miramos hacia este para comprenderlo, cuestionarlo, transformarlo; es válido también preguntarse por qué –como mediadores- cuestionamos a esa literatura juvenil que nos habla de vampiros en un colegio, o de un mago adolescente, o de un mundo medieval paralelo.

Creo que la premisa de “da lo mismo lo que lean mientras lean” es válida hasta cierto punto. Efectivamente, yo prefiero que un chiquillo lea Crepúsculo a que no lea nada, pero también es mi responsabilidad que ese chiquillo vaya progresando en sus lecturas. Crepúsculo es una historia entretenida, que mezcla romance, peleas, rebeldía, que se lee rápido… pero que se queda en un solo plano, que no nos permite ir más allá, que no presenta mayores dificultades internas, que no abre el cuestionamiento acerca de nada más que preguntarse si Bella se quedará con Edward y serán felices para siempre en su mundo vampiro. Es demasiado fácil entrar y salir del mundo creado por Stephanie Meyer porque es un mundo que no deja huella.

Por otra parte, Panem (de Los Juegos del Hambre) es un mundo que nos remece de distintas formas. Por lo que representa, por lo que significa, por su relación con los habitantes de los 12 distritos. También es una novela que se lee rápido pero que, a diferencia de los vampiros, va dejando una marca, va generando preguntas, va abriendo convicciones. La leemos rápido porque necesitamos sacarnos la angustia de no saber si Katniss logrará sobrevivir, pero vamos guardando todo ese “ruido” que empieza hacer.

Me parece que como mediadores debemos hacernos cargo de contribuir a facilitar el acceso a distintos libros. A leer se aprende leyendo y creo que los mediadores no estamos blindados ante esta premisa. Es nuestra obligación leer lo que niños y jóvenes están leyendo para ser capaces de diversificar sus lecturas y entender qué hay en esos libros. “Literatura basura” hay, de todas las formas y para todas las edades… no estigmaticemos la LJ solo porque no la hemos leído o, precisamente –y peor aún-, porque la leen los jóvenes.

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